La incontinencia urinaria es la pérdida involuntaria de orina, un problema que afecta tanto a mujeres como a hombres y que, aunque es muy frecuente, sigue siendo poco consultado por pena o por la idea equivocada de que es algo normal de la edad. No lo es: en la gran mayoría de los casos tiene causa identificable y tratamiento efectivo. Existen distintos tipos — de esfuerzo (al toser, reír o cargar peso), de urgencia (vejiga hiperactiva) y mixta — y diferenciarlos es el primer paso para resolverla.
En los hombres suele aparecer después de cirugías de próstata o asociada al crecimiento prostático, mientras que en las mujeres es más común tras embarazos, partos vaginales o en la posmenopausia. También las infecciones urinarias de repetición pueden generar urgencia y escapes temporales que mejoran al tratar la causa de fondo. Reconocer el patrón de los escapes — cuándo ocurren, qué los desencadena, cuánto volumen — orienta gran parte del diagnóstico desde la primera consulta.
En mi práctica en el Hospital Star Médica de Mérida, el abordaje empieza con un interrogatorio detallado, exploración física, análisis de orina y, cuando es necesario, un diario miccional y estudios de urodinamia para medir cómo funciona la vejiga y el esfínter. Con esa información construimos un plan escalonado: comenzamos por lo menos invasivo (rehabilitación del piso pélvico, cambios de hábitos, manejo farmacológico) y reservamos la cirugía para los casos en que realmente aporta una mejoría clara, siempre con técnicas modernas y de mínima invasión.
Mi compromiso es escucharte sin prisa, explicarte cada opción con claridad y acompañarte hasta recuperar la confianza de salir a la calle sin pensar en dónde está el baño más cercano. Si llevas tiempo conviviendo con escapes o tu calidad de vida se ha visto afectada, agenda una valoración; también puedes apoyarte en un chequeo urológico preventivo cuando los síntomas son aún incipientes.