Si te encontraron un tumor en el riñón, un quiste renal grande o te dijeron que hay que quitar un riñón, es normal que la palabra "cirugía" te asuste. La buena noticia es que hoy la mayoría de estas operaciones de riñón ya no requieren abrir: se realizan por laparoscopía, a través de tres o cuatro incisiones pequeñas por donde entran una cámara y los instrumentos.
En la práctica eso significa heridas más pequeñas, menos dolor después de la operación, menos días de hospital y un regreso más rápido a tu trabajo y a tu vida, comparado con la cirugía abierta tradicional. La operación por dentro es la misma y con el mismo objetivo; lo que cambia es el camino para llegar.
Soy el Dr. Guillermo Cueto Vega, cirujano urólogo en Mérida. En el Hospital Star Médica realizo por laparoscopía la mayoría de las cirugías del riñón y de la glándula suprarrenal: la nefrectomía —quitar el riñón completo— cuando un tumor o un riñón que dejó de funcionar lo hacen necesario, la nefrectomía parcial para retirar solo el tumor, la cirugía de quistes renales, la pieloplastia y la suprarrenalectomía.
Cuando se trata de un tumor, mi primera pregunta es si se puede conservar el riñón. En tumores pequeños y bien ubicados, la nefrectomía parcial retira solo la lesión con un margen de tejido sano y deja el resto del riñón trabajando. No siempre es posible —depende del tamaño, la ubicación y la relación del tumor con los vasos—, y te lo explico con tu tomografía en la mano.
La laparoscopía también resuelve problemas que no son tumores. La pieloplastia corrige la obstrucción entre el riñón y el uréter (estenosis pieloureteral), que puede causar dolor e ir dañando el riñón con el tiempo. La suprarrenalectomía retira tumores de la glándula suprarrenal, que está junto al riñón y produce hormonas. En consulta revisamos tus estudios y te digo con claridad si tu caso es candidato a laparoscopía.